Qué chimba Podcon, qué nota el futuro

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Hace tres días tuve un final de domingo que me hizo olvidar el lunes siguiente. Y era un lunes difícil; tenía que levantarme a las tres de mañana para regresar a Bogotá.

Volví a mi ciudad después de dos meses de una vida deli, aprendiendo del tema que me encarreta. Como yo tiendo a la tristeza, lo natural hubiera sido vivir ese último día con pena, pero el final de domingo me salvó.

Era la ceremonia de cierre de PodCon, una convención de podcast que me llevó a Seattle. Allá terminé descubriendo una ciudad super genial que recomiendo mucho y me motivé infinitamente a hacer podcast más en serio de lo que he hecho hasta ahora.

Esa sesión fue un popurrí total, con decirles que hubo una chica de Nueva York haciendo una tanda de chistes, un talk show sobre cambio climático con Hank Green y Ashley Ahearn (del programa Terrestrial de NPR), un podcast falso con Roman Mars (hermoso), acompañado un tal Justin Mcelroy. Hubo un montón de cosas más, cuya única conexión era que involucraba gente que se dedica a producir podcast.

Roman Mars (el creador de 99% Invisible) en la ceremonia de cierre de PodCon. 

Roman Mars (el creador de 99% Invisible) en la ceremonia de cierre de PodCon. 

Lo que me gustaría escribir acá es que el mensaje de fondo de la sesión fue muy claro: los podcast son una belleza y vale la pena hacerlos. Pero la verdad es que esa ceremonia tuvo tantas cosas aleatorias —hasta hubo una gente que subió al escenario a hacer un concurso de improvisación— que no había conclusión evidente. Pero yo, de manera personal, sí quedé con la sensación que este mundo de la radio en línea tiene mucho que dar y ofrecer, y que en Colombia vale la pena meterse a producir.

Para comenzar, la libertad es increíble. Cuando uno crea para Internet en serio puede hablar de lo que se le dé la gana y fijo hay otro pelagato por allá en otro rincón del ciberespacio al que también le interesa el tema. Con decirles que en PodCon conocí a un productor que hace historias para dormir dirigidas a adultos, el tipo es un hit y tiene una audiencia grande, a pesar de que su programa es poco convencional.

La mayoría de invitados a PodCon no eran profesionales de la radio cuando arrancaron, o sea que eso no es excusa. Es más, casi todos los productores empezaron con equipos precarios grabando en sus propias casas y se fueron haciendo profesionales a medida que sus programas ganaban audiencia. Lo que hay que tener es disposición, no experiencia.

Pero… dedicarse a hacer podcast da miedo. O al menos ese sentimiento a mi todavía me paraliza. En la convención descubrí que incluso productores que hoy son grandes sintieron temor. Al igual que sucede con la falta de experiencia, esas cosas se superan poniendo las manos en la masa.

Y, bueno si uno finalmente hace un programa, lo esperan oyentes bellos. El propósito de PodCon es reunir a creadores con fanáticos, es decir que pude ver comunidades de fans bellísimas. Resulta que los que escuchamos podcast y nos dejamos acompañar por ellos en nuestras rutinas diarias solemos ser fans leales y poco trolls.

Hay que hacerlos, hay que empezar a poner shows para que otros los escuchen. Hubo un punto en el que yo incluso me sentí super privilegiada de ser colombiana en el contexto de los podcast, porque muchos los gringos se la pasan diciendo que el mercado en inglés está saturado. Como dijo Santiago (mi acompañante en PodCon): «lo único que quiere decir esa frase es que antes bastaba con existir y uno podría volverse muy popular. Hoy hay tantos programas, que además hay que ser bueno».

Obviamente, en español no hay saturación aún, y menos en Colombia. Es decir, por ahora nos toca hacer programas y la gente llegará naturalmente, porque es una tendencia inevitable.

Miren, yo sé que volver de un viaje es llegar con muchas ideas. Después con la rutina de la ciudad a uno se le va olvidando y termina haciendo menos de lo que quería. Yo genuinamente espero que ese no sea el caso para mi, ni para las personas que quieren arrancar proyectos nuevos en 2018, tengamos ánimo juntos. Yo, me aferré a mis recuerdos de ese domingo, que fueron el cierre de un viaje muy bello y el recuerdo que hay que actuar. 

Queridos amigos, conocidos, seguidores de Instagram, gente a la que le importo: gracias por leer estos reportes, por comentar en redes y por hacerme compañía desde la Internet. Espero que ahora sí nos veamos en Bogotá y hablemos del futuro, porque se ve brillante y podcastero.

Un abrazo.
 

Una lección de la industria

Laura Rojas Aponte - Fusion

Ya no estoy en Nueva York. Ya se acabó la beca que me trajo a Estados Unidos. Ya no voy todos los días a un escritorio a vivir la vida de oficinista. Sin embargo, voy a publicar un par de entradas de blog más porque sigo en este país (esta vez en Seattle) y creo que todavía hay cosas por decir.

Por ejemplo, se me quedó en el tintero contar de Fusion, la empresa que me recibió para mostrarme una de las formas de hacer podcast en Nueva York.

Ese tema debió haber estado en la segunda o tercera entrada, el lío es que contar de esa empresa es más jodido de lo que uno pensaría. Para rematar, Fusion amenazó una creencia que yo tenía y que no me atrevía a dejar ir así no más.

Desde hace unos años concluí que si uno quería montar un proyecto de comunicaciones hoy, era mejor pensar en hacer una publicación pequeña, para un grupo de gente específico que compartiera algún interés, o sea para un nicho. Si quieren saber más, la revista Wired dio mucha lora con el tema en The Long Tail. El caso es que, con Internet, cada cual puede consumir temas que le interesan y eso lo cambió todo.

Yo lo pienso así, cuando era pequeña, algo como once o doce años, mi mamá recibía el periódico en la casa los domingos y después de desayunar se consagraba a él. Yo quería remedarla, así que me hacía al lado y me ponía a leer. El problema era que mi solo me gustaban las tiras cómicas y una en especial: la de Olafo el Amargado. Luego de ver Olafo, el periódico se me terminaba. Por mucho, me quedaba el sudoku. Pero ya. El resto de tiempo me la pasaba repasando lo que ya había leído.

Si eso mismo hubiera pasado en tiempos de Internet, la Laura de once años termina de leer la tira de cómica e inmediatamente después lee otra. Si tiene suerte, se topa con videos como este que durante cuatro minutos muestra historietas de Olafo. Todo sin toparse con clasificados o análisis económicos.

Ese periódico dominguero, como muchas otras publicaciones tradicionales, se dirigían a un «público general». A los ojos de El Tiempo o El Espectador, ellos le hablaban a grandes cantidades de personas que le interesaba la variedad de temas que imprimían. Pero ese no era el caso. Primero, es casi imposible pegarle al gusto de la mayoría. Segundo, con Internet se mostró que al que le gustaba leer de política no le gustaban los deportes, ni los cómic y al que le gustan las noticias de farándula no le interesan los clasificados. Simplemente nos habíamos acostumbrado a un popurrí de temas que no necesariamente respondían a nuestros intereses.

¡Había que hablarle a nichos!

Por alguna razón, en mi cabeza, eso también quería decir irse por el camino de la independencia, ser un medio pequeño (o relativamente pequeño) y renunciar a lo masivo.

Bajo esa misma creencia se fundó Fusion. La empresa nació en 2013 como un canal de televisión para millenials (o sea, gente joven nacida después de los ochenta), que además fueran hispanos, pero que hablaran inglés y habitaran Estados Unidos. Los principales socios de ese proyecto fueron Disney y Univision.

Al cabo de un rato el plan falló, no porque hubieran elegido mal al dedicarse a un nicho, sino porque esa primera versión de Fusion no entendió a su público (resulta que los hispanos en EEUU no necesariamente querían distinguirse de los otros jóvenes de su país). Para entender mejor eso recomiendo esta charla, por ahora reconozcamos que tuvieron golpe bajo.

Entonces, los socios tomaron una decisión radical y Univision terminó comprándole a Disney su parte del proyecto. Yo me imagino a muchos ejecutivos en una mesa larga hablando de inversión y ganancias, quién sabe cómo fue eso. El punto es que con su poder de dueño, Univision cambió el nombre del proyecto de Fusion Media Network a Fusion Media Group y con eso reveló un cambio de estrategia radical; ahora iban a ser un grupo de medios.

Lo lograron cuando el nuevo Fusion Media Group adquirió los portales de otra empresa llamada Gawker Media, que tenía varios sitios web relativamente exitosos dedicados a públicos puntuales. El más famoso de esos era uno de farándula que le había costado una demanda tenaz a los fundadores y por eso debían vender.

Ahí, ya Fusion tenía varios medios para administrar y, bueno, ese era su nuevo objetivo. El toque final fue incorporar al sitio de sátira The Onion (algo como Actualidad Panamericana, pero gringo), eso se logró después de que Univision comprara más del 50% de las acciones.

Yo no tengo muy claro cuál es la ventaja de tener varios medios, para mi siempre es más divertido tener una marca y publicar contenido ahí. Pero, igual, entendí que ese era el modelo de negocio del Fusion al que yo llegué.

Su jugada es tener muchos portales, cada uno con un público bien definido. Con esa base, los sitios web se enfocan en crear contenidos a la medida de los intereses de su nicho, lo que tienen en común en términos de mercadeo es que todos le hablan a adultos jóvenes (sí, a millennials).

Estos son los sitios web de Fusion.

Estos son los sitios web de Fusion.

Hoy Fusion Media Group tiene 14 portales diferentes, cada uno tiene su tumbao. Voy a enlistar cuatro nombres y al público al que le hablan para que se hagan una idea:

  • Jezebel → Para mujeres, citadinas, contemporáneas, que disfrutan el humor con un estilo feminista y pop.

  • Lifehacker → Adultos jóvenes interesados en tecnología y la manera como esta influencia nuestros hábitos.

  • Deadspin → Para gente interesada en noticias deportivas, entretenimiento y un estilo que no siempre es políticamente correcto.

  • Kotaku → Una guía para gamers.

¿Ven? Cada web trabaja para aun público específico, pero tiene detrás a un grupo de medios que gestiona la parte administrativa. Es como si Fusion hubiera dicho: queremos el poder que da hablarle a un público general, pero sabemos que eso no funciona, y a continuación hubiera tomado las secciones del periódico y hubiera hecho de cada una de ellas un medio independiente.

Cada lector sigue a una marca, Jezebel o The Onion, o Kotaku. Pero Fusion Media Group como empresa tiene la posibilidad de llegar a una cantidad muy basta de gente, a lo que sería un público general dentro de los millennial estadounidenses.

Llámenme ingenua, pero a mi eso me dejó sorprendida. Fusion tiene el alcance de un proyecto de comunicaciones masivo e industrial, pero lo hace por medio de sitios web relativamente pequeños, de nicho que a veces funcionan como si fueran independientes. Wow…

En el departamento de audio, mi departamento, producíamos contenido en formato podcast para diferentes marcas y para algunos proyectos especiales. Lo que yo vi fue la comodidad de una empresa grande, donde uno puede pedir equipos y materiales y recibirlos, pero con la buena onda y personalidad de los proyectos pequeños para nichos. Eso cambió mi lectura del mundo y, también me inspiró para pensar en términos mucho más grandes y ambiciosos. Ya veremos qué pasa con eso, por ahora comprarto esta lección. 

Noche de podcast en vivo

Rose Eveleth, la productora de Flash Forward.

Rose Eveleth, la productora de Flash Forward.

La noche del sábado empezó así, corriendo para llegar a tiempo a una sesión de podcasting live. Había comprado las entradas hace tres semanas, después de hacer una búsqueda burda en Google: “podcasting, events, New York City”. Entonces, apareció este show, que se veía raro y emocionante:

Si pudieras saber el día exacto en que vas a morir, ¿lo averiguarías? Únase a Rose Eveleth, presentadora de Flash Forward, en una experiencia interactiva en el que el público decidirá su destino, mientras habita un mundo donde cada persona puede encontrar la fecha en la que va a morir.

Aunque ese tema de la muerte no me parecía especialmente atractivo, no cerré la pestaña. Googleé un poco más y encontré que este show era organizado por un podcast que se ocupa de pensar el futuro, en cada episodio sus productores hablan de un escenario posible para la raza humana y lo examinan con diferentes entrevistados. El podcast se llama Flash Forward, y el evento al que yo iría se llamaba Flash Forward Live: Expiration Date.

Es que, por alguna razón que yo desconozco, las personas que hacen podcast también se han interesado en hacer espectáculos. Típicamente estos son una versión de los programas de radio, pero para teatros. Quizá los más famosos son los que hace RadioLab, que tienen luces, marionetas, efectos visuales, música en vivo y, claro, grandes locutores.

Yo no sé como Isabel y Tariq se dejaron dejaron convencer de ir conmigo. Cuando uno dice podcast en vivo o podcasting live, ¿qué se imaginan los otros? Este es un formato aún desconocido, y cada quién hace lo que se le da la gana, así que no hay forma de saber.

A la larga, llegamos tarde Flash Forward Live,  pero no nos perdimos de nada. El espacio era mucho más parecido a un bar que a un teatro, o sea que no era puntual. El sitio tenía una pequeña tarima rodeado de mesas, a la derecha un bar y a la izquierda una librería con sofás.

Cada espectador tenía en su mesa dos papeles y un sticker de Flash Forward. Mientras yo pegaba el sticker en mi libreta, mis amigos fueron por cervezas y justito cuando todos en el bar teníamos algo de beber, empezó el show.

Dos chicas subieron al escenario, cada una se sentó en un extremo. La primera estaba equipada con un computador, una tableta y varios papeles. La segunda, con un escritorio modesto, una lamparita y un guión, esa era la locutora.

La del computador tomó la palabra. Dijo que gracias por venir esta noche, que tomemos mucho en el bar y que sigamos a Flash Forward en redes sociales, porque todo eso ayuda a que eventos como este sigan siendo organizados. Además, preguntó si ya habíamos visto los papeles que teníamos en las mesas, que estos eran importantes para a votar. Y se dedicó a hacer una prueba, algo que resultó más o menos así:

Estás en un subway, vas camino a East Village a ver Flash Forward Live. En el tren, ves a una señora, es un poco mayor y muy atractiva. Está vestida de rojo. Ella mira de vuelta y te hace un gesto para que se bajen juntos en la siguiente estación.

En ese momento se prenden las luces del bar. Yo ni siquiera había notado que estábamos en la penumbra. Entonces, la señorita de la tarima dice:

Ahora, ustedes deciden.

A - Dejan que la dama se baje en la estación y continúan su trayecto para venir hasta acá.

B - Salen con la señora, cualquier otro día pueden ver un podcast en vivo.

Tomen alguno de los papeles en la mesa y voten. Así es como decidiremos cómo avanzan las historias que vamos a contar hoy.

Bueno, veo que tenemos... 50% B y otro 50% de A; eso da mitad de ánimo para seguir.

La gente se rió. Durante la noche, ambas señoritas nos contaron tres historias. La productora se encargó de las votaciones, la de la derecha de leer un guión según el número de As y Bs de los papelitos. Todas las ramificaciones de la historia tomaban lugar en el mundo de ciencia ficción, como prometía la descripción de internet, la gran tensión era que los personajes habitaban una realidad donde es posible saber la fecha en la que iban a morir.

Liz Wisan, la locutora. 

Liz Wisan, la locutora. 

Es ridículo lo embobados que nos tuvieron. En la tarima estaban las dos mujeres con sus equipos, una pantalla donde proyectan ilustraciones según las decisiones que nosotros tomáramos y algunas pistas musicales. Pero ya. Su herramienta es la narración, punto.

Yo no sé si la gente que hacía radio antes de Internet también le había apostado a las artes escénicas, pero para mi estos shows son muy, pero muy cercanos al fenómeno podcast. Según entiendo, los productores organizan shows para crecer, o sea que tiene mucho de mercadeo. Sin embargo, yo veo algo más potente.

Ir a un evento de podcast en vivo es algo como ir a una obra de teatro, también tiene luces, historias, música y utilería. Sin embargo, en estos shows lo más importante es la narración de lo voz humana, acá las palabras lo son todo. Para mi, es muy parecido a cuando era pequeña y un adulto me leía un cuento, solo necesitaba de la voz y las palabras para conectarme, algo que solo volví a sentir cuando crecí y empecé a escuchar los programas de radio que oigo hoy.  En últimas, tanto los podcast como los podcast en vivo apuntan a lo mismo: a que un narrador nos lleve a otras realidades.

Si me preguntan, me gusta la versión en vivo porque puedo ver a la gente que sigo desde la voz, eso es chévere de vez en cuando. Y, si tienen suerte como mis amigos y yo, y pueden asistir a un evento de ese tipo, bebiendo una buena cerveza rubia en un bar/teatro/café, entonces la experiencia es una locura. Espero que algo así se haga pronto en Bogotá.

Actualización desde la oficina gringa (en Halloween)

Los que se disfrazaron. 

Los que se disfrazaron. 

El lunes llegué a la oficina temprano. Como siempre, caminé directo a mi escritorio sin saludar, para no interrumpir el trabajo de los pocos que ya estaban tecleando. Antes de alcanzar mi puesto me interceptó la sonrisa de Jessica, una productora del departamento de audio de Fusion. Preguntó por mi fin de semana y terminamos hablando de las fiestas de Halloween. También hubo espacio para charlar de disfraces, al parecer el tema la emocionaba porque me contó alegre que se vistió de esqueleto, uno que tenía una luz en el pecho para iluminar la noche.

Un rato después llegó Nora, otra productora, que también hizo la conversa sobre el fin de semana. Me mostró una foto de su plan de sábado, había ido a la casa de unos amigos; en el celular se veían los árboles de otoño bajo el rayo del sol. Otra vez salió el tema de Halloween, entonces le conté que el sábado en la noche había ido a un apartamento loquísimo, donde había un rodadero y dos columpios en la sala del comedor.

Yo sé, este relato suena perfectamente cotidiano; varias compañeras de trabajo comentando lo que hicieron el fin de semana. La cosa es que hasta ahora el ambiente de la oficina gringa parecía más distante. De hecho, justo el día anterior, había publicado un escrito en este blog diciendo eso.

Bueno, para ser justos, ese otro texto afirma que la gente es muy querida uno a uno, entonces es el ambiente lo que puede ser problemático.

Sin embargo, hoy 31 de octubre, en pleno Halloween, la oficina entera tuvo un gesto buena onda que me hizo dar cargo de conciencia y me puso a escribir una nueva entrada de blog antes de dormir.

Resulta que la gente hoy se disfrazó, que los de administración nos compraron una pizza y que hubo un concurso de disfraces. Mis compañeros oficinistas repartieron alegría, charlando y haciendo chistes; hasta conocí a una chica del otro piso que me regaló delineador de ojos. En la mañana, yo me vestí de mimo disimuladamente. Ya en Fusion tomé ánimo y me puse el maquillaje y los accesorios que completan mi disfraz, es que estar allá al lado de un John Snow, un Splinter (de las Tortugas Ninja), un esqueleto y un tiburón, me quitaron la pena.

Cuando pensé que las relaciones se construyen de a pocos tenía razón. Es al cabo de muchos días como los de hoy que las personas se van integrando. No sé cuántas fechas festivas tienen que pasar para que el ambiente sea tan amigable como esta tarde, eso sí, reporto que en mi oficina gringa la fiesta de Halloween une a la gente y es una mega nota.

Desde la oficina gringa

Justo al día siguiente de entrar a Fusion, me enteré de una noticia fantástica: el miércoles había almuerzo en la oficina. No entendí bien si era una cosa de todas las semanas o solo un evento de este miércoles, el caso es que los de administración iban a pedir pizza y ensalada para todos.

Esa comida era un regalo divino. En primer lugar, almorzar gratis en NY siempre es emocionante, (el almuerzo acá sale muy caro). En segundo lugar, esta era mi oportunidad para integrarme con los que serían mis compañeros de trabajo: ¡Yes!

Y es que en Fusion todos son muy amables cuando hablan directamente conmigo, pero el ambiente general de la oficina puede ser frío y distante. Yo creo que eso tiene que ver con el diseño de la oficina, también con el tamaño de la organización y, claro, con la cultura de trabajo gringa.

Para que se hagan una idea, esta oficina queda en el piso tres y cuatro de un edificio viejo de East Village, en Manhattan. Acá, trabajamos uno al lado del otro en mesas comunales que se dividen en escritorios. Es un espacio abierto, excepto por un par de salas de reunión, una cocina, los baños y los estudios de grabación. Si vieron la película de The Intern y recuerdan el escritorio donde se sienta el protagonista, entonces saben de qué hablo.

Ese tipo de espacios se prestan para que la gente se esfuerce por ignorar a los demás. Es tan jodido trabajar en una oficina abierta, que muchos prefieren aislarse con audífonos y, para no molestar a los que no los usan, mis compañeros toman medidas de cuidado. Por ejemplo, he notado que las conversaciones entre vecinos de mesa son muy cortas, porque lo que uno dice se escucha en el piso entero, además, es probable que las conversaciones distraigan al del lado. Es tal la situación, que en el piso donde yo estoy hay unas pequeñas cabinas insonorizadas para hacer llamadas telefónicas.

Pero bueno, esta oficina no es la única así. Me parece típico que las empresas grandes hagan espacios de trabajo como este, sospecho que es una moda. Como Fusion es una empresa grande que habla sobre actualidad, resulta lógico que hayan elegido una oficina como la que tienen.

Ahora mismo estoy trabajando en otra entrada de blog donde cuento bien qué es Fusion, por ahora déjenme decirles que es una empresa que produce contenidos digitales para una audiencia estadounidense y millennial. Dentro de la beca, yo estoy trabajando en el departamento de audio, que produce podcast para diferentes marcas. Todo es muy estadounidense; los contenidos y los trabajadores.

Creo que eso también influencia el ambiente. Desde mi perspectiva, los oficinistas gringos tienen una forma de trabajar que muestra reglas claras. Para comenzar, le apuestan a aprovechar el tiempo, o sea que no se ponen a charlar (porque si charlan entonces no trabajan) y valoran la concentración (entonces no interrumpen al otro y trabajan con constancia en la tarea que están haciendo). Se toman esas dos premisas tan en serio, que almuerzan en el escritorio haciendo tareas en el computador.

Yo adoro muchas de las cosas que se hacen en Estados Unidos y admiro su capacidad de trabajo. Sin embargo, reconozco que estando en la oficina puede ser difícil integrarse a la cultura. Obviamente, yo no quiero ser la latina loca que le habla a todo el mundo mientras trabaja juicioso, así que me toca jugar el mismo juego y callarme la boca.

Pero el miércoles de la pizza, ese día no iba a ser la misma Laura de siempre, había una posibilidad de hablar con más gente que mi equipo y yo la iba a aprovechar. En la mañana, me puse mi blusa de pájaros, porque es elegante, colorida y todavía estaba limpia. Y, como creo que a la gente hay que entrarle con cosas que ellos encuentren valiosas, pues planeé un par de temas de conversación.

Al llegar a la oficina investigué un rato para una entrevista del podcast de Residente que mencioné en otra entrada y asistí a un par de grabaciones de programas. No importaba la tarea, siempre tenía un pensamiento en la cabeza, ¿ya es el mediodía?

Entró el domiciliario con una torre de cajas y yo fui casualmente al baño a lavarme las manos y asegurarme que me veía bien antes de ir a la mesa comunal, podía oír a la gente alrededor de la comida. Salí y vi a tres pelagatos hacer chistes alrededor de la mesa, giré la cabeza y vi lo inesperado. Los trabajadores de Fusion iban a la mesa de la pizza, tomaban unos pedazos y hacían conversaciones pequeñas, para luego ir otra vez en su escritorio y almorzar como siempre en frente de la pantalla del computador, en silencio y concentrados. Con estos gringos no hay forma.

Ahora que termina mi segunda semana en la oficina, entendí que las relaciones se construyen de a pocos y con respeto de las diferencias culturales. No hay de otra. En esta segunda semana siento que he formado mejores relaciones y las personas a mi alrededor me empiezan a reconocer. Por ejemplo, recientemente, Levi —el productor de sonido del departamento de audio— decidió sacar tiempo de su agenda solo para enseñarme trucos técnicos de podcast. ¡Brutal! Creo que toca construir la confianzadespacio y resignarse a que acá las cosas sencillamente son diferentes, pero igual pueden ser super geniales.

Dinero primero

Selfie obligado con Janine. Ahí están los comunicadores latinoamericanos que vinieron conmigo a Estados Unidos y dos chicas gringas geniales. La primera es Cassie, que trabaja en el centro internacional para periodistas (con gafas a la izquierda). La segunda es Janine que es la directora de Sembra Media que menciono en la entrada de blog (la mona en el centro). 

Selfie obligado con Janine. Ahí están los comunicadores latinoamericanos que vinieron conmigo a Estados Unidos y dos chicas gringas geniales. La primera es Cassie, que trabaja en el centro internacional para periodistas (con gafas a la izquierda). La segunda es Janine que es la directora de Sembra Media que menciono en la entrada de blog (la mona en el centro). 

Un grupo de periodistas se reúne para hacer un proyecto propio, uno donde por fin pueden contar las historias que quieren contar; una publicación donde tienen mucho tiempo para investigar y donde solo publican cuando de verdad se sienten listos. Estas personas van a cambiar el estado actual de las cosas, ahora sí va a haber espacio para hablar de ese tema tan importante.

El plan lo he visto una y otra vez entre mis amigos. Pasa con demasiada frecuencia que la gente a mi alrededor se reúne para hacer algún proyecto super genial, planea los detalles y está segura que será del putas, pero olvida uno de los puntos más importantes para que esas iniciativas florezcan: el dinero.   

Hace poco, en Washington, conocí a Janine Warner, la directora de Sembra Media, una organización que se dedica fortalecer el periodismo digital en latinoamérica. En especial, Sembra se preocupa por hacer que los proyectos de periodismo digital sean sostenibles. Y, bueno, fue Janine quién me enseñó el mantra que repito hoy: dinero primero.

Aunque sea un tema aburrido para comunicadores románticos como yo, es fundamental hacer rentable nuestros proyectos. No porque queramos volvernos ricos con ellos, no porque seamos negociantes mezquinos, ni empresarios ávidos, sino porque es la rentabilidad es lo que garantiza que esos proyectos soñadores sean sólidos.

Alguien leyendo esto podría decir: Pero mi proyecto es pequeño y yo lo hago en mis tiempos libres. Y está bien, pero yo apuesto que ese proyecto depende tanto de tu voluntad y estado de ánimo, que es difícil que trascienda. A punta de voluntad es muy jodido todo.

Desde mi experiencia con Ciudad de Datos, les digo que tener financiación ayudó mucho a la producción de la primera temporada del podcast. El dinero que recibimos de la Universidad Javeriana nos dió un sentido de responsabilidad que ayudó con fechas de publicación, conseguir entrevistados, grabar las locuciones y editar contrarreloj. Más importante aún, cada miembro del equipo sentía su trabajo como eso, un trabajo. Para nosotros Ciudad de Datos no es un lugar para ganar plata, pero reconozco que cuando la tuvimos dinero el compromiso fue mucho mayor.  

Al producir la segunda temporada, este año, cada cual andaba por su lado y no había un elemento que hiciera que nosotros nos pusiéramos las pilas en entregar material (por ejemplo, yo llevo más de ocho meses escribiendo un episodio). Es fácil pensar que el problema es falta de ánimo y lo que necesitamos es voluntad. Pero… ese es precisamente mi punto; un proyecto con financiación no depende de las emociones de los que participan, porque hay salarios que hacen el compromiso más sólido que las ganas.

Por oposición, cuando una organización encuentra cómo producir dinero, puede contratar un equipo que trabaje con regularidad, e incluso expandirse. Puede que lo que escribo suene obvio, pero les pido que me tengan paciencia. Verán, a mi no me educaron para que el dinero me motive, así que aprender que el dinero va primero también en proyectos propios es toda una revelación.

Aparte del mantra, Janine nos enseñó que hoy el periodismo digital es también una suerte de emprendimiento. Hay que saber de negocios y modelos de organización, por eso, en la web de Sembra, ellos tienen información de becas, cursos, análisis y un resto de materiales para entender cómo lograr la rentabilidad.

Por ejemplo, hay una tendencia en prestar servicios a clientes para proyectos que nunca van a aparecer en la página de nuestra iniciativa, pero que sí pueden financiar los contenidos propios. Menciono ese modelo especialmente porque fue el que más me llamó la atención… Me pregunto si Ciudad de Datos o Cosas de Internet podrían explorar algo similar, vender conferencias, talleres u otros servicios para aprender de Internet. ¿Ustedes se animarían a pagar por algo así?

Por ahora, amigos, la meta es clara: hay que buscarse la rentabilidad, porque es la manera de ser sostenibles. Con la actitud mental dinero primero, gente que no fue entrenada para los negocios puede hacer que sus planes soñadores sean viables y fuertes. Acá hablo de comunicación digital, pero en realidad creo que la lección aplica para cualquier proyecto propio, de esos que a uno de verdad lo motivan.

Estoy en Nueva York aprendiendo de podcast, así fue como todo pasó

Queridos amigos, conocidos, seguidores de Instagram, gente a la que le importo: estoy en Estados Unidos. La historia corta es que me gané una pequeña beca para trabajar unas semanas en Nueva York. La historia larga (aunque no tanto) es lo que les voy a contar aquí. Siendo «aquí» la primera entrada de un blog que trata sobre este viaje.

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