Desde la oficina gringa

Justo al día siguiente de entrar a Fusion, me enteré de una noticia fantástica: el miércoles había almuerzo en la oficina. No entendí bien si era una cosa de todas las semanas o solo un evento de este miércoles, el caso es que los de administración iban a pedir pizza y ensalada para todos.

Esa comida era un regalo divino. En primer lugar, almorzar gratis en NY siempre es emocionante, (el almuerzo acá sale muy caro). En segundo lugar, esta era mi oportunidad para integrarme con los que serían mis compañeros de trabajo: ¡Yes!

Y es que en Fusion todos son muy amables cuando hablan directamente conmigo, pero el ambiente general de la oficina puede ser frío y distante. Yo creo que eso tiene que ver con el diseño de la oficina, también con el tamaño de la organización y, claro, con la cultura de trabajo gringa.

Para que se hagan una idea, esta oficina queda en el piso tres y cuatro de un edificio viejo de East Village, en Manhattan. Acá, trabajamos uno al lado del otro en mesas comunales que se dividen en escritorios. Es un espacio abierto, excepto por un par de salas de reunión, una cocina, los baños y los estudios de grabación. Si vieron la película de The Intern y recuerdan el escritorio donde se sienta el protagonista, entonces saben de qué hablo.

Ese tipo de espacios se prestan para que la gente se esfuerce por ignorar a los demás. Es tan jodido trabajar en una oficina abierta, que muchos prefieren aislarse con audífonos y, para no molestar a los que no los usan, mis compañeros toman medidas de cuidado. Por ejemplo, he notado que las conversaciones entre vecinos de mesa son muy cortas, porque lo que uno dice se escucha en el piso entero, además, es probable que las conversaciones distraigan al del lado. Es tal la situación, que en el piso donde yo estoy hay unas pequeñas cabinas insonorizadas para hacer llamadas telefónicas.

Pero bueno, esta oficina no es la única así. Me parece típico que las empresas grandes hagan espacios de trabajo como este, sospecho que es una moda. Como Fusion es una empresa grande que habla sobre actualidad, resulta lógico que hayan elegido una oficina como la que tienen.

Ahora mismo estoy trabajando en otra entrada de blog donde cuento bien qué es Fusion, por ahora déjenme decirles que es una empresa que produce contenidos digitales para una audiencia estadounidense y millennial. Dentro de la beca, yo estoy trabajando en el departamento de audio, que produce podcast para diferentes marcas. Todo es muy estadounidense; los contenidos y los trabajadores.

Creo que eso también influencia el ambiente. Desde mi perspectiva, los oficinistas gringos tienen una forma de trabajar que muestra reglas claras. Para comenzar, le apuestan a aprovechar el tiempo, o sea que no se ponen a charlar (porque si charlan entonces no trabajan) y valoran la concentración (entonces no interrumpen al otro y trabajan con constancia en la tarea que están haciendo). Se toman esas dos premisas tan en serio, que almuerzan en el escritorio haciendo tareas en el computador.

Yo adoro muchas de las cosas que se hacen en Estados Unidos y admiro su capacidad de trabajo. Sin embargo, reconozco que estando en la oficina puede ser difícil integrarse a la cultura. Obviamente, yo no quiero ser la latina loca que le habla a todo el mundo mientras trabaja juicioso, así que me toca jugar el mismo juego y callarme la boca.

Pero el miércoles de la pizza, ese día no iba a ser la misma Laura de siempre, había una posibilidad de hablar con más gente que mi equipo y yo la iba a aprovechar. En la mañana, me puse mi blusa de pájaros, porque es elegante, colorida y todavía estaba limpia. Y, como creo que a la gente hay que entrarle con cosas que ellos encuentren valiosas, pues planeé un par de temas de conversación.

Al llegar a la oficina investigué un rato para una entrevista del podcast de Residente que mencioné en otra entrada y asistí a un par de grabaciones de programas. No importaba la tarea, siempre tenía un pensamiento en la cabeza, ¿ya es el mediodía?

Entró el domiciliario con una torre de cajas y yo fui casualmente al baño a lavarme las manos y asegurarme que me veía bien antes de ir a la mesa comunal, podía oír a la gente alrededor de la comida. Salí y vi a tres pelagatos hacer chistes alrededor de la mesa, giré la cabeza y vi lo inesperado. Los trabajadores de Fusion iban a la mesa de la pizza, tomaban unos pedazos y hacían conversaciones pequeñas, para luego ir otra vez en su escritorio y almorzar como siempre en frente de la pantalla del computador, en silencio y concentrados. Con estos gringos no hay forma.

Ahora que termina mi segunda semana en la oficina, entendí que las relaciones se construyen de a pocos y con respeto de las diferencias culturales. No hay de otra. En esta segunda semana siento que he formado mejores relaciones y las personas a mi alrededor me empiezan a reconocer. Por ejemplo, recientemente, Levi —el productor de sonido del departamento de audio— decidió sacar tiempo de su agenda solo para enseñarme trucos técnicos de podcast. ¡Brutal! Creo que toca construir la confianzadespacio y resignarse a que acá las cosas sencillamente son diferentes, pero igual pueden ser super geniales.