Mi muchedumbre

Lo que pasa en occidente —o al menos en en que yo vivo— es que las personas se desplazan y usualmente poco importa a dónde vayan o con quién. Yo me muevo entre la muchedumbre de la universidad y la gente ni se entera, así cómo yo no me entero de ellos y los refiero como «muchedumbre».

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Derechos Civiles

De vuelta mi cuarto había charlado tanto con Eileen sobre la sociedad china y nuestra más reciente lectura para clase que se volvió inevitable escribir sobre el tema. 

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La casa

Apuesto que la sensación se repite entre la juventud nómada. La casa no es el techo y las paredes que me esperan en Bogotá, sino los momentos y los lugares en los que estoy con las personas queridas.

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Primero de octubre en Tiananmen Square

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Un aplauso para las pesonas de Google que vinieron con la idea de celebrar con doodles las fechas, los lugares, los personajes y las ideas del putas que han significado cambios en las maneras del mundo. Frecuentemente me saca una sonrisa ver homenajeados a los que admiro en las diferentes versiones del logo del buscador. Los doodles informan y alegran la mañana, a la par que bajan la rentabilidad del planeta con el tiempo que los usuarios gastan curioseando, o al menos eso leí en este otro blog, por cierto, ese sí que lo recomiendo.

Entre mis doodles favoritos están el de la conmemoración de los ochenta y cinco años de Sendak, el de la celebración del Diamond Jubilee de la Reina Isabel -Isa, de cariño-; el del cumpleaños de Michael Jackson en el 2009 y, ahora, el de la celebración del día nacional chino.

Por cuenta del evento que inspiró el doodle tuve unos días de receso para disfrutar Beijing. El plan original era aprovechar el ratico y conocer Shanghai, pero las hordas chinas bloquearon mi camino; los tiquetes de tren se agotaron de la noche a la mañana, ¡literalmente! En lugar de ir a la cita con Laura (mi tocaya y compañera de travesías) para comprar los boletos, fui a una cena en la que una señora agradeció a un compañero por haberla contactado luego de encontar su iPhone en la calle. La dama no solo invitó a Lance -el chico-, sino que también insistió para que trajera a quince amigos con él. Comí como los dioses. Por razones chinas que aún desconozco los tiquetes de tren comienzan a venderse doce días antes de la fecha del viaje en Internet y diez en agencias de viajes. Para comprar en línea se necesita una tarjeta china, la mía es colombiana. La tutora de mandarín de Laura iba a ayudarnos con la suya, ante mi ausencia esa noche prefirió esperar. Laura suplicó que hiciera click en «Comprar» asegurando que yo estaba convencida del viaje, eso no vale para los chinos. A la mañana siguiente intentamos de nuevo, pero los lugares en el tren se habían agotado.

Atrapada en Beijing durante la Golden Week hice un plan con mis amigos para conocer la ciudad como si fueramos turistas; que de hecho es nuestro rol. Ayer fui a una exposición de las Semana del Diseño en Beijing y hoy (primero de octubre), a las seis de la madrugada, casi conocí Tiananmen Square.

El día nacional se celebra el primero de octubre. Básicamente lo que se conmemora es la fundación oficial de La República Popular China. El mismo día del mismo mes de 1949, Mao Zedong se paró en la Gate of Heavenly Peace -en Tiananmen Square- e inauguró el país del partido comunista que gobierna hasta hoy. Leí en las noticias una cita de una publicación en Weibo (el Twitter de acá) que refleja la actitud de los detractores:

Isn’t our country recognize around the globe as a product of 5000 years of Chinese civilization? How can a group of people say it 64 year-old? Rumor, definitely, a rumor.

En todo caso, una vez en Beijing el famoso día, ¿por qué no ir a la celebración? El cuatro de junio del año pasado asistí -por accidente- a la fiesta en Buckingham Palace de los sesenta años de la Reina Isa en el trono; el evento fue alucinante. El pueblo unido, no por una persona, sino por los símbolos que forman su identidad, fue un espectáculo conmovedor. Para el día nacional chino la asistencia al evento fue premeditada y precedida por una corta pero sustanciosa búsqueda en Internet la noche anterior. Lo único en lo que los sitios estaban de acuerdo era en que la muchedumbre iba a ser fenomenal. La recomendación era clara: Stay away.

A pesar de las señales Laura y yo nos encontramos a las seis treinta del día siguiente y nos dirigimos a la multitud. Aunque las dos salimos con chaqueta impermeable, caminamos estrechas bajo una sombrilla hasta la estación de metro. Avanzamos un poco más de lo debido gracias a que Tiananmen West y Tiananmen East, las estaciones, estaban cerradas. Rumbo a la plaza la policía interrumpió nuestro paso. Un oficial dijo en inglés chino (un nuevo idioma producto del acento del segundo en el primero) que podíamos ingresar a las diez. Esperamos bajo la lluvia.

A las diez treinta nos dimos cuenta que jamás íbamos a entrar. Resulta que no importa cuán temprano un ciudadano corriente llegue a la plaza central de su país, no está invitado a celebrar el día de la instauración de People’s Republic of China. La fiesta nacional es un evento privado reservado para los políticos en el top de la pirámide y para las personas que se necesitan ahí por mera logística. Así como el cielo en Beijing cuenta las consecuencias del modelo económico chino, la celebración del primero de octubre relata el funcionamiento político del país; el gobierno no funciona para la gente que llega en metro a Tiananmen Square, funciona para las personas con conexiones vinculadas al poder y para unos ‘suertudos’ que aterrizan porque el Partido los requiere.

Al final, Laura y yo nos paramos en frente de uno de los centros comerciales más exclusivos de Beijing y vimos la conmemoración de La República Popular China en la pantalla gigante de un local de McDonalds.

Felices días para todos,

Laura
Beijing, 1 de octubre de 2013
laurarojasaponte@gmail.com

Bù là (notas al final)

En mi primera semana de clases en Beijing, me encontré a mi misma un día en la cafetería sin nadie que me ayudara a pedir almuerzo. Al final de mucha mímica y un mandarín precario, logré ordenar un almuerzo vegetariano con poco picante. 

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Me duele la espalda de tanto leer jorobada

El reporte de esta semana es corto porque no hay tiempo y porque incluso revisar lo que escribo me fatiga. Espero comprendan.

Según un artículo que ronda por ahí, China pretende mejorar el nivel de sus estudiantes universitarios con una serie de medidas que incluyen asignar a los estudiantes un volumen de lecturas de maestría o, de ser posible, de doctorado en las clases de pregrado. Según el ideal, a un estudiante chino le quedará menos duro obtener uno, dos o tres títulos de doctorado porque el volumen de trabajo ha sido más o menos el mismo mientras estudiaba para sus títulos anteriores.

Aunque el centro en el que estudio no depende directamente del gobierno del país, mis profesores chinos sí que tienen otros estándares. Para colmo, el único profesor occidental con el que tengo clase es también el Director Académico y tiene todo su empeño enfocado en demostrar que un semestre de intercambio en China no es un paseo auspiciado por la academia. Así las cosas el queridísimo nos dejó para leer más de 200 páginas para leer en solo una semana. 

A propósito, si tienen tiempo y curiosidad, les recomiendo «The civil servant’s notebook», de Wang Xiaofang. Solo cuesta 8 dólares en la tienda de Kindle y da un panorama del funcionamiento de las instituciones chinas (con disparates equiparables a los de algunas instituciones en Colombia). Lo más chévere del recomendado es que se lee por puro chisme porque el libro es el diario de un empleado público.

Tengo por ahí una entrada en el blog de notas que será mi próxima publicación y cuenta con más calma cómo comienzo una vida cotidiana en Beijing. Si cuento con suerte y termino pronto las cuarenta y cuatro páginas de «Understanding China’s Political System» y la primera parte de «The Shorter Columbia Anthology of Traditional Chinese Literature», publico este jueves. Si no, pues no.

Cariños desde la China,

Laura
Beijing, 10 de Septiembre de 2013
laurarojasaponte@gmail.com